Economía cubana lidera caída en América Latina para 2026
CEPAL proyecta un decrecimiento del 6,5% del PIB, profundizando un deterioro prolongado que impacta la vida cotidiana.
Las perspectivas económicas para la nación caribeña en el año XXI la sitúan en el escenario más desfavorable de toda América Latina.
Según un informe reciente de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), la isla experimentará una caída del 6,5% en su Producto Interno Bruto (PIB). Esto la convertiría en la economía con el peor rendimiento de la región, una cifra que equivaldría a perder en un solo año una parte significativa de la riqueza producida, como si una provincia entera dejara de aportar a la economía nacional.
Esta cifra no solo indica una contracción puntual, sino la continuación de un deterioro progresivo. El mismo organismo señala que entre los años XXI y XXV, la economía cubana ya había mermado aproximadamente un 15% de su tamaño. Esto es un tercio de lo que se perdió en la década de los 90 tras la caída de la Unión Soviética, evidenciando un ciclo prolongado de estancamiento del cual no logra salir.
En este contexto, la CEPAL destaca que el país enfrenta una baja capacidad para crecer. Esto se debe a limitaciones internas y un entorno internacional cada vez más adverso. A diferencia del resto del continente, que prevé un crecimiento promedio del 2,2%, Cuba se presenta como un caso atípico. Incluso economías con desafíos estructurales como Haití (-1,4%) o Jamaica (-1%) registrarían caídas menos acentuadas. La diferencia con el comportamiento regional subraya la gravedad de la situación.
Entre los factores que contribuyen a este panorama, el informe señala el endurecimiento de las sanciones estadounidenses. Especialmente el cerco energético intensificado desde principios del año XXVI, que ha restringido el acceso a combustibles y elevado los costos operativos. Esto significa que la energía, esencial para el funcionamiento de cualquier industria o servicio, se vuelve más cara y difícil de obtener.
A esto se suma la debilidad del modelo productivo interno. Este no logra generar crecimiento suficiente ni sustituir importaciones en sectores clave. En otras palabras, la producción local no es capaz de satisfacer la demanda ni de reducir la dependencia de productos extranjeros.
El impacto de la crisis energética es notable. Los apagones han paralizado actividades industriales, afectado servicios esenciales y disminuido aún más la productividad. Cuba requiere alrededor de 100.000 barriles diarios de combustible, una cantidad suficiente para mover la economía de una nación mediana. Sin embargo, su producción apenas alcanza los 40.000 barriles. Las importaciones se ven limitadas por la escasez de divisas y las dificultades financieras, lo que significa que no hay suficiente dinero para comprar lo que se necesita.
El deterioro económico también se extiende a sectores estratégicos. Esto incluye la caída del turismo, la disminución de ingresos por exportación de servicios y las dificultades para acceder a mercados internacionales. Esto ha reducido significativamente las fuentes de ingresos externos, es decir, el dinero que entra al país desde el extranjero.
Simultáneamente, la escasez de alimentos, medicamentos y otros insumos básicos sigue impactando la vida cotidiana de la población. Esto se traduce en dificultades para acceder a productos esenciales para el día a día de las familias.
El panorama global tampoco ofrece un respiro. La desaceleración del comercio internacional, que según la Organización Mundial del Comercio (WTO) crecerá apenas un 2,7% en el año XXVI, reduce la demanda externa. Esto significa que hay menos oportunidades para vender productos en el extranjero.
Además, el encarecimiento del petróleo y los alimentos incrementa la presión inflacionaria. En abril de este año, el precio del crudo se ubicó un 74% por encima del registrado en diciembre del año XXV. Esto eleva los costos para economías importadoras como la cubana, haciendo que todo sea más caro.
A nivel regional, las proyecciones son igualmente moderadas. América del Sur crecería un 2,4%, Centroamérica un 2,2% (que ascendería a 3,9% sin incluir a Cuba y Haití), y el Caribe mostraría cifras más dinámicas impulsadas por economías como Guyana. Sin embargo, en el caso cubano, las restricciones estructurales internas y la falta de reformas profundas limitan las posibilidades de recuperación a corto plazo. La CEPAL, en sus análisis sobre la economía de la región (CEPAL Economía), subraya estas diferencias.
La CEPAL advierte que, sin cambios sustanciales en el modelo económico y sin acceso estable a financiamiento externo y recursos energéticos, Cuba continuará inmersa en una dinámica de contracción y dependencia. En este escenario, 2026 podría convertirse en otro año crítico dentro de una crisis que se perfila como una de las más severas en décadas, afectando el bienestar de sus ciudadanos y su desarrollo futuro.
Redacción asistida por Centauro IA , plataforma de inteligencia artificial desarrollada por Lombao Estudios
Fuente: Cuba Noticias 360
