Ana de Armas cumple 37 años: recuerda su infancia en Cuba entre playas, apagones y sueños de actriz
La actriz cubano-española Ana de Armas sopla hoy 37 velas en un momento dulce de su carrera. Entre rodajes, nominaciones al Oscar y el estreno del thriller Sweat, la intérprete ha aprovechado su cumpleaños para mirar atrás y evocar los años que la formaron en la costa norte de Cuba.
Nacida en La Habana en 1988, Ana creció en el humilde municipio de Santa Cruz del Norte, en la antigua provincia de La Habana (hoy Mayabeque). Allí, según ha relatado en entrevistas recientes, su vida transcurría descalza, trepando postes de luz, rescatando animales y montando pequeñas obras de teatro para los vecinos.
“Crecí descalza, corriendo sobre las rocas junto a la playa, nadando. Mis amigos y yo realizábamos obras de teatro para los vecinos”, recordó para la revista AnOther. “Tenía algo para trepar los postes de la luz y los árboles, y estaba obsesionada con rescatar gatos y perros. Todos los días volvía con uno nuevo y mi madre se ponía loca”.
A pesar de las dificultades económicas —cortes de luz, racionamiento de alimentos y escasez de combustible—, la actriz asegura que esos fueron sus años más felices. “Se iba la luz, comíamos huevo frito, arroz y alguna vez pollito”, reflexionó en una entrevista con Vogue. “Supongo que por eso vuelvo a La Habana siempre que las cosas se ponen un poco feas”.
El primer flechazo con el cine
Su vocación despertó a los 12 años, al ver la película Matilda. A partir de entonces, supo que quería ser actriz. A los 16 ingresó en la Escuela Nacional de Arte de Cuba, aunque nunca sintió que allí pudiera desarrollar todo su potencial. “No había mejor escuela que un set de filmación”, confesó.
A los 18 años, tomó una decisión que lo cambiaría todo: emigrar a España con apenas 200 dólares en el bolsillo. Durmió semanas en el sofá de una amiga hasta que llegaron las primeras oportunidades. Obtuvo la nacionalidad española gracias a sus abuelos maternos, originarios de Palencia y León.
Su primer gran éxito llegó con la serie El Internado, donde dio vida a una estudiante durante tres temporadas. Luego vino el salto a Hollywood, la nominación al Oscar por Blonde y los proyectos que hoy la consolidan como una de las actrices más seguidas del panorama internacional.
De su infancia cubana, Ana guarda un recuerdo imborrable y un agradecimiento eterno a sus padres: “Son gente muy preparada y muy culta, pero poco habladores. Lo que te quieren decir te lo demuestran con hechos”.
(Con información de Semana)
