¿Por qué comprar una balita de gas en Cuba se ha vuelto una odisea?
Conseguir una balita de gas en Cuba dejó de ser una compra cotidiana para convertirse en una carrera contra la escasez, los altos precios y, cada vez más, las estafas.
En un país donde los apagones pueden prolongarse durante horas, disponer de gas licuado de petróleo (GLP) representa mucho más que una comodidad: para numerosas familias es una de las pocas alternativas para poder cocinar cuando falta la electricidad.
Pero encontrar una balita disponible, tener el dinero necesario para comprarla y, sobre todo, asegurarse de que la operación sea legítima, se ha convertido en un desafío.
Las tiendas online tampoco garantizan encontrarla
Ante las dificultades para adquirir gas por las vías habituales, muchos cubanos han recurrido a las plataformas de comercio electrónico que comercializan productos destinados a la Isla.
En mayo, tiendas como Katapulk y SuperMarket23 llegaron a ofertar balitas de 10 kilogramos por alrededor de 29 dólares, generalmente bajo la condición de entregar un cilindro vacío del mismo tamaño y en buenas condiciones.
El problema es que encontrar el producto disponible no siempre resulta sencillo.
La oferta ha sido intermitente y las existencias pueden desaparecer rápidamente. En agosto, incluso puntos de ProGas en La Habana reportaron dificultades con el suministro de GLP, mientras consumidores aseguraban que no encontraban balitas disponibles, ni siquiera pagando en dólares.
Es decir, tener divisas no necesariamente significa poder comprar gas.
Cuando aparece, el precio puede ser otra barrera
La escasez también ha terminado reflejándose en los precios del mercado informal.
A comienzos de septiembre comenzaron a multiplicarse en redes sociales las publicaciones de personas que ofrecían balitas de distintos tamaños. Los precios podían oscilar aproximadamente entre 30 y 160 dólares, dependiendo de la capacidad del cilindro, las condiciones de venta y el vendedor.
La diferencia con los precios inicialmente anunciados por algunas tiendas puede ser considerable.
Además, compradores han cuestionado costos adicionales asociados a determinadas operaciones de comercio electrónico y aseguran que, después de sumar servicios y otros cargos, una compra que inicialmente parecía relativamente accesible podía superar los 60 dólares.
Para una familia cubana, semejante desembolso convierte el gas en un producto cada vez más difícil de asumir.
Y en la calle, el riesgo no termina con encontrar un vendedor
Cuando las tiendas se quedan sin existencias, las redes sociales y el mercado informal aparecen como alternativas. Pero allí también aumenta el riesgo.
En junio, CUPET alertó sobre páginas y cuentas que utilizaban su nombre y logotipo para ofrecer supuestas balitas de gas en dólares. El objetivo, según las denuncias, era aprovechar la desesperación de quienes necesitan combustible para cocinar.
La estafa puede adoptar diferentes formas: publicaciones falsas, solicitudes de anticipos, vendedores que desaparecen después del pago o supuestas gestiones de entrega que nunca llegan a concretarse.
Y el problema no siempre termina en perder dinero.
En Las Tunas, una familia denunció haber pagado 50.000 pesos por una balita que, según su testimonio, terminó conteniendo agua en lugar de la cantidad de gas esperada. El caso generó preocupación no solo por la posible estafa, sino también por los riesgos que implica adquirir cilindros manipulados o de procedencia dudosa.
A ello se suman otras denuncias difundidas en redes sociales sobre supuestos vendedores que solicitan datos personales o códigos de verificación de WhatsApp con la excusa de coordinar la entrega.
Una balita que ya no es solo una balita
La odisea refleja un problema que va mucho más allá de conseguir un cilindro de 10 kilogramos.
Primero está la escasez: el producto no siempre está disponible cuando se necesita. Después aparece el precio, cada vez más difícil de asumir para quienes dependen de ingresos en pesos cubanos. Y finalmente está la incertidumbre, porque recurrir al mercado informal implica preguntarse si el vendedor es real, si el producto existe y si la operación terminará realmente en una entrega.
Todo esto ocurre mientras los apagones obligan a muchas familias a buscar alternativas para preparar sus alimentos.
Así, una necesidad básica como cocinar termina dependiendo de una compleja combinación de disponibilidad, dólares, contactos, mercado informal y suerte.
En Cuba, conseguir una balita de gas ya no consiste simplemente en comprar combustible. Para muchas familias, el verdadero desafío es encontrarla, poder pagarla y tener la certeza de que, después de entregar el dinero, realmente llegará a casa.

